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JO TAMBÉ!

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A CLASE
 
Lo mejor de volver al cole era cuando, unos días antes de empezar el curso en septiembre, nos daban los libros. Llegábamos a casa y no podíamos evitar repasarlos uno a uno para descubrir todas sus fotos y dibujos, con ese olor que todavia desprendían a imprenta. Más tarde, cuando nos tocara estudiarlos  ya no nos haría tanta gracia, pero había pasado demasiado tiempo desde que habíamos completado el Vacaciones Santillana y, en el fondo, teníamos mono de volver a encontrarnos con nuestros compañeros de clase y, sobre todo estrenar todo el marerial escolar.
Viendo aquellos libros tan nuevecitos que nos daba hasta miedo de abrir completamente por si se quedaban las marcas, que forrábamos con tanta delicadeza y les poníamos el nombre con esas letras adhesivas que regalaban con el forro o con el Dymo, resultaba imposible imaginar cómo iban a acabar de pintarrajeados al terminar el curso, por más que nos dijeran nuestras madres que teníamos que cuidarlos para que les sirvieran a nuestros hermanos menores…”
EN LA CARTERA DEL COLE
Alpino: Si Marco nos hizo viajar de los Apeninos a los Andes, estos lápices de colores de madera nos trasladaban hasta los alpes solo para indicarnos que eran los más largos. Inconfundible esa pintura atravesada por una señal indicativa de 10 Km que aparecía representada en la caja. ¿Para llegar adónde?
 
Boli Bic: “Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal”, y creo que la gran mayoría nos decantabamos por este último como nuestro boli oficial de EGB. De él se aprovechaba todo: el pequeño tapón superior para morderlo, el capuchón para caparlo y el tubo del boli lo mismo se convertía en una cerbatana que en la superficie perfecta para copia las chuletas con la punta del compás.
 
Boli de cuatro colores: El rojo, el negro y el azul vale, pero ¿el verde?, ¿para qué podíamos necesitar un boli verde? Ah, vale, para intentar bajar las cuatro minas a la vez apretando sus cuatro botones; esa era la gracia.
Goma Milán: Que aquella goma oliera tan bien y encima pusiera “nata” era una clara invitación a comértela, pero enseguida descubrías que su sabor no cumplía las expectativas creadas. Con el uso, primero la transformabas en un círculo perfecto para que rodara, después en un tampón de clonar y finalmente terminaba agujereada con el boli en el centro o cortada a cachitos con la regla. Lo que han tenido que sufrir las pobres Milán…
 
Goma de boli: Poder borrar todos los errores que cometías con el boli y olvidarte de los tachones para siempre podría haber sido el mayor invento de la humanidad. Todos corrimos a probarlo, pero aquello más que borrar lo que hacía era destrozar el papel. Cierto, ni rastro.
 
Cuadernos Rubio: Lo de la letra con sangre entra era falso. A nosotros nos entró a base de cuadernos y cuadernos Rubio que consiguieron que todos acabáramos escribiendo igual. La caligrafía era sagrada y lo de copiar quinientas veces una frase a modo de castigo fue vital para pillar agilidad.

  J. Ikaz i J. Díaz

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