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1961…

http://www.planetadelibros.com/al-envejecer-los-hombres-lloran-libro-93498.htmlAllá arriba era sólo el primer piso, y el propio Albert tuvo la impresión de que el jubilado se había referido al Cielo, un cielo de libros de una felicidad que no podría alcanzar aquí abajo. La mirada de Gilles se había iluminado con un brillo que Albert deseaba ver desde hacía mucho tiempo en los ojos siempre un poco tristes de su hijo. Lo que pasaba iba más allá de sus esperanzas. Allá arriba. Más allá. No podía haber palabras más hermosas a esa última hora de la mañana. Las lágrimas afloraron de nuevo pero sólo en forma de pequeños escalofríos bajo sus párpados. En ese momento, Gilles pudo con su mirada tocar el alma de su padre[…] El maestro jubilado abrió de golpe la puerta que daba a la escalera y que conducía “allá arriba”. Unos libros crecían como estalagmitas, sometidos a la prueba del apilamiento. Algunas pilas llegaban hasta el techo, formando unas contra otras apretadas columnas, semejando largas tiras de papel pintado con gruesas rayas amarillas que parecía recién encolado. Una de esas pilas se vino abajo.
El señor Antoine recogió los libros, echando una ojeada rápida a los títulos que el azar de la caída había puesto al alcance de su mano, sonriente como si, en una fracción de segundo, acudiese a su memoria todo su contenido.
-No te lo creerás, pero esto es un misterio. Siempre son las mismas pilas las que se desmoronan. Cualquiera diría que algunos autores se rebelan más que otros a la hora de ser amontonados.
Según él, las obras de Voltaire eran las primeras en desprenderse, seguidas por lo general de ls de Hugo y de Balzac, precisamente. Gilles jamás había visto ninguna habitación como aquélla en ninguna casa. Fue tal su esplendor que transformó ese momento en una felicidad absoluta […] Esos libros sin estanterías eran menos impresionantes, menos intimidantes que una biblioteca. El desorden creaba una proximidad que daban ganas de leerlos enseguida. Tres grabados tras un cristal colgados de la pared representaban a personajes de la Antigüedad, un hombre robusto, un joven encantador y una extraña mujer con un casco en la cabeza y una lechuza posada en el hombro. Gilles no podía saber que se trataban de personajes de la mitología griega, ni que el mayor se llamaba Ulises, el joven Telémaco y la mujer, Atenea.” (fragment pàg. 88-91)
fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Luc_Seigle
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